¿Alicante es de cuento?

Alicante way of Life





Lefebvre criticaba cómo la ciudad se convierte en una mercancía antes que en un espacio de vida.

"El derecho a la ciudad no puede concebirse como un simple derecho de visita o de retorno; solo puede formularse como un derecho a la vida urbana, transformada y renovada".

Érase una vez ( 25 de marzo) que el I Foro de Turismo y Negocios tuvo un final feliz.

En un encuentro diseñado para generar oportunidades reales de negocio y crear sinergias estratégicas entre empresas y el potente ecosistema hotelero y turístico que representa HOSBEC, no esperábamos otro final que celebrar el éxito del turismo.

Allí se expresaron declaraciones muy optimistas:

El sector turístico de la Costa Blanca «es un ejemplo de resiliencia y de capacidad de adaptación», según Toni Pérez , presidente de la Diputación .

Nuestro alcalde señaló que: “Y nuestro objetivo primordial es que este crecimiento sea sostenido en el tiempo y sostenible, apostando por un turismo de calidad, que siga generando riqueza y empleo y nos impulse como ciudad y para mejorar la calidad de vida de los que aquí residimos”

Las cifras apuntan que 1,5 millones de turistas han elegido Alicante como destino, con un impacto económico de "chorrocientos" millones de euros. Además, en 2026, recibiremos en nuestro puerto 113 buques con 325.000 cruceristas. Se potenciará la oferta turística y se le abrirán nuevos espacios.

La ciudad está comprometida al turismo monocultivo como modelo económico.

Para una parte de la ciudadanía, los residentes, "la noche es oscura y alberga horrores". Comenzamos a sospechar que este crecimiento supera la capacidad de gestión del municipio y que vamos muriendo, ya, de éxito.

No encontramos empatía con los residentes, ni reciben tanto apoyo institucional. Ni la riqueza, ni el empleo están recayendo en nuestro entorno.

Sí, lo hace la desigualdad y la pérdida de oportunidades por el encarecimiento de la vida. Se evidencia un aumento de la vulnerabilidad económica y social de gran parte de la ciudadanía. Nuestra calidad de vida empeora.

Ni somos felices, ni comemos perdices cuando:

La primera y más preocupante realidad es el enorme problema del acceso a la vivienda, en cualquiera de sus formas, que está provocando la expulsión de vecinas y vecinos que pierden su capacidad y derecho a residir en sus barrios, e incluso en una ciudad que deja de ser la suya.

La especulación que provoca este modelo productivo, sin paliativos , conlleva la pérdida de identidad y de tejido social, un empeoramiento de los servicios sociales y de los recursos esenciales, la desaparición de comercios de proximidad y negocios que aporten vida a nuestros barrios.

La itinerancia de residentes ocasionales, no fija vecindad y no trasciende en una convivencia básica sana, no cimenta barrios ,ni ciudad. Los barrios se convierten en dormitorios, en un territorio impersonal para viviendas turísticas y de alquiler temporal.

Tenemos la sensación de vivir en un carrusel de ciclos vitales nómadas que dificultan la integración , la cohesión social.

Lo más triste es que parece que una verdadera regeneración urbana social, tras el turismo intensivo , ni está en la agenda del gobierno local, ni se le espera. Precisaría destinar parte de esa riqueza en evitar el impacto negativo que se viene produciendo.

Esto sería posible reconociendo dicho impacto y trabajando en paliar sus consecuencias.

Visto lo visto, a pesar de tantos grandilocuentes anuncios y del vodevil que acompaña al Plan Estructural de la Ciudad de Alicante estamos alcanzando un punto de no retorno para recuperar nuestro derecho a la ciudad.

Como dice mi amigo Diego:

"Y cuando el derecho a la ciudad se convierte en privilegio, el cuento se acaba"







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